HHhH, de Laurent Binet

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“Lo único que espero es que detrás de la espesa capa reflectante de idealización que voy a aplicar a esta historia fabulosa, el espejo sin azogue de la realidad histórica se deje todavía atravesar.”

HHhH

Laurent Binet, 2010.

En 1942 los miembros de la resistencia checoslovaca Jozef Gabčík y Jan Kubiš mataron a una persona en Praga en una operación que era a toda vista, suicida. La importancia de este evento poco tiene que ver con la dificultad de la planeación y ejecución –que las hubo– sino en el objetivo. Gabčík y Kubiš mataron a un nazi que el propio Hitler consideraba que era muy despiadado.

Si el reino de terror nazi hubiera tenido su propio súper villano de acción, este hubiera sido Reinhard Heydrich. Hitler encaja mejor en la categoría de mente maestra maligna, Heydrich en cambio era un hombre de acción. El Obergruppenführer Heydrich dirigió simultáneamente todas las policías de la Alemania nazi –la política, la secreta, la criminal, y los servicios de inteligencia– y cuando necesitaban alguien que aplastara la resistencia checa lo enviaron a Praga, donde pronto ganó el apodo de “El Carnicero de Praga”. Dirigió la Conferencia de Wannsee, en la que se definieron los asuntos prácticos del exterminio de los judíos, algo en lo que Heydrich era experto, ya que fue fundador y jefe de los Einsatzgruppen, las milicias nazi que iban detrás de las tropas del ejército exterminando a tiros a todos los judíos, intelectuales y políticos en las zonas ocupadas. Algunos pensaban que sería el sucesor de Hitler, pero no porque este lo fuera a designar, sino porque podría derrocarlo. Su ascenso en la jerarquía nazi no se debía a relaciones personales o políticas, sino a su eficiencia. Fue la mano derecha de otro sádico, Heinrich Himmler, y de ahí viene “HHhH: Himmlers Hirn heisst Heydrich. El cerebro de Himmler se llama Heydrich. Era una especie de Super Nazi: despiadadamente eficiente. Gabčík y Kubiš mataron a Super Nazi.

Como reconoce el narrador del libro, es tentador querer escribir una novela de ficción histórica sobre este tema, pero le parece que Gabčík y Kubiš merecen más que eso, más que diálogos inventados y un relato novelado. Así que hace un trato con el lector, se confiesa y pide disculpas: intentará revelar la verdad en cada paso, pero hay situaciones y hechos que solo podremos imaginar o inventar. El resultado es un excepcional recorrido por los eventos y personajes que formaron parte de una manera u otra de esa escena en una calle de Praga el 27 de mayo de 1942 y las terribles secuelas.

Binet ha recibido varios premios literarios por HHhH, y el libro ha sido muy bien recibido por la crítica y el público, en especial por su difícil catalogación en términos de géneros. La narración es zigzagueante, entre la verdad y la imaginación confesa, diferenciadas con abierta candidez y rompiendo constantemente la barrera que con frecuencia establece la ficción entre el lector y el escritor. La historia es develada y construida con la complicidad del lector, así como su consentimiento a las varias tangentes que toma el narrador para no solo discutir películas y libros del tema (y de otros), sino también contar sucesos vinculados que sirven de valiosa educación sobre esos años.

Esta la historia del blanco, Heydrich, tanto su vida personal como su acelerado ascenso por la jerarquía criminal nazi. Para matarlo, el gobierno checoslovaco exiliado en Inglaterra escogió al soldado checo Kubiš y al obrero eslovaco Gabčík. Escaparon de su país luego de la invasión alemana y después de meses de entrenamiento en Inglaterra para la Operación Antropoide fueron lanzados en paracaídas sobre su país en diciembre de 1941. Pasarían otros cinco meses escondidos por simpatizantes de la resistencia, investigando los movimientos de Heydrich y planeando el golpe. Escogieron esperar en una curva cerrada el carro descapotado que llevaba al alemán todos los días a su oficina, donde el chofer debía reducir la velocidad para sortear el cruce.

En el momento decisivo la ametralladora de Gabčík se atascó, y mientras Heydrich y su chofer se preparaban para dispararle, Kubiš lanzó una bomba al carro, hiriendo a Heydrich con los pedazos de la bomba y del carro que volaron de la explosión, pero sin lograr incapacitarlo. En el intercambio de tiros entre Gabčík, Kubiš y Heydrich ninguno acertó siquiera uno. Los asesinos pudieron escapar, seguros que habían fracasado. Heydrich fue llevado a cirugía y los mejores médicos de Alemania fueron enviados en cuestión de horas a Praga. Una semana después parecía estar recuperándose satisfactoriamente cuando entró en coma y murió en unas horas.

Las identidades y escondite de Gabčík y Kubiš fueron reveladas a los nazis por un traidor de la resistencia a cambio de una jugosa recompensa. Los consiguieron escondidos en una iglesia junto con otros de la resistencia, y es en la narración de esta escena cuando el trabajo de Binet a lo largo del libro rinde más frutos. La herramienta que usa no es solo el suspenso, ya que el lector conoce el resultado desde las primeras páginas. En las seis horas siguientes, narradas por Binet con admiración y tristeza, 700 nazis de la SS luchan contra siete guerrilleros atrincherados.

La respuesta nazi al asesinato de su héroe no se redujo a esa iglesia. Más de mil personas fueron masacradas. La secuela más infame fue la total destrucción de la villa de Lídice y el asesinato de todos sus habitantes. Una pista –que luego resultó ser falsa– les hizo creer a los nazis que los asesinos venían de esa villa. El régimen nazi, que tan bien había ocultado sus atrocidades con su efectiva propaganda mundial, quedó desenmascarado cuando se regodeó en las noticias de la masacre de Lídice. En todo el mundo se levantaron voces pidiendo la derrota de los nazis, y los homenajes a Lídice fueron innumerables (incluyendo la urbanización de Lídice, nombrada en Caracas en 1943).

Binet insiste que no quería escribir una novela histórica, y tuvo éxito en su propósito. HHhH, sin ser un libro de historia, ni una novela histórica, tiene algo importante de ambos géneros. El uso de las herramientas dramáticas con un efecto magistral ayuda a Binet a lograr su objetivo, el de transmitir al lector una devastadora, humana, y en especial, verídica, historia de resistencia.

Mi calificación en Goodreads para este libro: 5 sobre 5

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