Dolarización para Venezuela: La falsa panacea

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La dolarización no resuelve los problemas de la economía venezolana, y crea otros

En la situación actual de la economía venezolana, con una altísima inflación y una inminente devaluación del tipo de cambio, se comienza a escuchar con mayor frecuencia una propuesta nada novedosa: la dolarización. La iniciativa parece ser el resultado del agotamiento de los proponentes por lidiar con devaluaciones y con el tema cambiario en general. Los argumentos expuestos están sustentados con frecuencia en una exageración de los potenciales beneficios, así como en el desconocimiento de su significado real, los requisitos básicos, el tipo de cambio inicial para la dolarización, sus consecuencias a corto plazo y en general, cómo se lleva a cabo la dolarización. Empecemos por lo último.

¿Cómo dolarizar?

Para dolarizar el Banco Central debe cambiar todos los bolívares en circulación por dólares. Es un caso particular de la adopción de la moneda de otro país como moneda de curso legal; en este caso, esta moneda es el dólar de los Estados Unidos. Como veremos más adelante, no es muy distinta a la adopción del euro por parte de un nuevo miembro de la Comunidad Europea, pero con una moneda diferente. También es similar al régimen de Convertibilidad argentina vigente entre 1991 y 2002, aunque este era menos rígido.

Para establecer la dolarización se requieren varias medidas de política económica, y de orden legal. En lo económico lo principal es la adopción de un tipo de cambio fijo, sin controles de cambio. En Venezuela ya tenemos un tipo fijo –hoy 6,3Bs por dólar en CADIVI–pero no hay libertad de cambio. Es aquí donde entra el aspecto jurídico: el gobierno debe comprometerse legalmente –ya sea por decreto, legislación o reforma constitucional– al cambio en dólares de todos los bolívares, emitidos por la autoridad monetaria, a un tipo de cambio fijo sin límites de cantidades, y al libre cambio de divisas. Esto no implica necesariamente la desaparición de la moneda anterior –en el caso de Argentina, pesos y dólares circulaban simultáneamente– aunque en los casos de Ecuador y Panamá, los billetes anteriores fueron canjeados y retirados permanentemente (con la excepción de las monedas metálicas).

¿A cuánto cambiar los bolívares por dólares?

Un proceso de dolarización en Venezuela hoy sería imposible sin devaluar de nuevo. La dolarización requiere que el Banco Central se comprometa a cambiar los bolívares al tipo de cambio fijo establecido, y el BCV sería responsable de canjear lo que se conoce como Base Monetaria: monedas, billetes, y las reservas que mantienen los bancos comerciales en el BCV. Estos son parte de los pasivos del BCV, y según el balance de noviembre de 2013 la base es de 397.921 millones de bolívares. Para hacer el canje usaría sus Reservas Internacionales que están en divisas extranjeras, y que a finales de noviembre eran de 21.299 millones de dólares (cerca de 70% de estas reservas están en oro, y el BCV deberá vender el oro por dólares antes de dolarizar).

La respuesta de cuál sería el tipo de cambio para cambiar bolívares por dólares la obtenemos de la relación entre los bolívares que hay que cambiar de la Base Monetaria, y los dólares disponibles en las Reservas Internacionales. A finales de noviembre, para dolarizar se debía devaluar al menos hasta 19 Bs/$, es decir, una devaluación del 202 por ciento respecto a la tasa de CADIVI. Devaluar hasta 19 Bs/$ puede parecer poco significativo, tomando en cuenta que el dólar paralelo se cotiza en tres o más veces ese monto. Sin embargo, esta devaluación puede triplicar el costo de productos básicos importados, como las medicinas.

Para dolarizar sin que implique una devaluación de al menos 202 por ciento el gobierno deberá primero acumular reservas internacionales, ya sea como parte de un plan concienzudo de incremento de reservas que puede tomar varios meses, sino años, o con mayor deuda externa (ambos mecanismos podrían ser acompañados de una reducción de la Base Monetaria). Para dolarizar sin devaluar, manteniendo el tipo de cambio de 6,3 Bs/$ y con la actual Base Monetaria, el BCV necesitaría 42.000 millones de dólares adicionales a los que tiene actualmente. En el caso de una tasa de 11,30 Bs/$ –la actual tasa del SICAD– hacen faltan 14.000 millones de dólares adicionales. Cabe mencionar que incluso si nos olvidamos de la dolarización, y pensamos solo en levantar el control de cambio existente sin una fuerte devaluación, también se necesitaría incrementar reservas.

¿Qué se gana con la dolarización?

Se acostumbra a decir que la dolarización significa el fin de las constantes devaluaciones respecto al dólar, y la pérdida de poder adquisitivo que causan. Sin embargo, como veremos más adelante, lo correcto es decir que la dolarización establece importantes barreras prácticas, políticas y financieras para nuevas devaluaciones de la moneda respecto al dólar. Es una diferencia importante, ya que aún cuando la reversión de la dolarización puede ser un proceso muy engorroso, no sería imposible. Otros beneficios de la dolarización es que la inflación en el país no debería ser muy superior a la de los EE.UU, se elimina la posibilidad de financiar políticas fiscales deficitarias con emisión de dinero sin respaldo, una disminución apreciable de tasas de interés, se disminuirían los costos de transacción en el comercio exterior, e invertir en el país sería más atractivo para las empresas extranjeras al eliminarse el riesgo cambiario.

¿La dolarización genera disciplina fiscal?

Cuando un gobierno gasta más dinero del que recibe incurre en un déficit fiscal, y puede cubrir la diferencia entre gastos e ingresos de varias maneras: con un aumento de sus deudas, incrementando impuestos, usando sus ahorros, o imprimiendo dinero sin respaldo. La última opción, que es la más inflacionaria, queda descartada con la dolarización, ya que el Banco Central de Venezuela no puede imprimir dólares americanos. Sin embargo, esta es solo una de las herramientas. ¿Cómo financió el gobierno de Grecia sus constantes y significativos déficits, si al igual que un país dolarizado no puede imprimir dinero (euros) libremente? Endeudándose, hasta que no podían pagar sus deudas. Igualmente, el gobierno argentino revirtió la dolarización cuando no pudo cumplir con sus compromisos de deuda externa, después de varios años de arrastrar un creciente déficit fiscal. La dolarización no hace nada para evitar que los gobiernos gasten más dinero del que pueden, año tras año, hasta que la fiesta fiscal acaba con una crisis total. Tampoco resuelve el problema del despilfarro, ya que no puede evitar que el gasto público se destine a programas ineficientes o de baja rentabilidad social.

¿Puede ser creíble el compromiso del Gobierno?

Para que el compromiso de la dolarización sea creíble no basta con que este se establezca en leyes o en la Constitución. Hay innumerables ejemplos en todo el mundo de quebrantamiento de compromisos y leyes en épocas de crisis. Una medida que ayudaría con la credibilidad es el retiro de circulación de los bolívares, a diferencia del caso Argentino en el que se mantuvieron en circulación los Pesos Convertibles. Si la moneda se mantiene en circulación es más fácil para el gobierno romper su compromiso, cambiando forzosamente los depósitos en dólares por moneda local, y devaluando simultáneamente. Esto fue lo que hizo el gobierno argentino en 2002.

En el caso de los países de la Zona Euro, las monedas nacionales fueron retiradas por completo, lo que hace que su compromiso con el euro goce de mayor credibilidad. Tomemos como ejemplo Grecia, que se hubiera beneficiado de una devaluación en el peor momento de su crisis reciente. El abandono del euro –y el regreso de la dracma– enfrentan un problema práctico de compleja solución, y es que sería muy difícil de llevar a cabo de forma ordenada, y planeada con suficiente antelación. El proceso de preparación deberá hacerse en total secreto, ya que si se conoce que el gobierno griego decidió salir del euro se desataría una crisis bancaria de inmediato cuando los ahorristas corran a retirar sus euros o transferirlos fuera de Grecia, porque se entiende que si el gobierno está planeando sustituir el euro es con el propósito de devaluar. Ante la imposibilidad de planear algo de tal envergadura en secreto, la medida deberá ser puesta en práctica apenas se tome la decisión, y tomar acciones como el cierre temporal de los bancos o imponer límites de retiros, mientras se imprimen nuevos billetes y se actualizan sistemas informáticos.

De manos atadas

La consecuencia principal de la adopción de la moneda de otro país es que se renuncia a las herramientas de política monetaria, como la fijación de las tasas de interés, y el control exclusivo de la liquidez monetaria, y también dificulta el rol del Banco Central como prestamista de último recurso en crisis bancarias. El BCV no puede imprimir dólares, y la fijación de las tasas de interés siempre estará a merced de las tasas fijadas por la Reserva Federal (el Banco Central de EE.UU). Luego de la dolarización, la política monetaria de Venezuela sería decidida por la Reserva Federal. Es una significativa renuncia de soberanía política y económica. En el caso del euro, si bien todos los países participantes tienen voz y voto en el Banco Central Europeo, las políticas de esta institución muestran una marcada orientación a favor de las economías de Alemania y Francia, que la de aquellos miembros relativamente más pequeños como Grecia o Portugal.

Considero que es un error pensar que Venezuela estaría mejor siguiendo la política monetaria de EE.UU que teniendo su propia política. No debemos preocuparnos solamente por la calidad o responsabilidad de la política monetaria, sino también por su pertinencia y adecuación a las realidades de cada economía. Una de las principales condiciones para que regiones o países puedan, con éxito, compartir una moneda es que coincidan en el tiempo sus respectivos ciclos económicos. Es decir, si sus períodos de crecimiento y de recesión coinciden. Si la economía de EE.UU se encuentra en una crisis la Reserva Federal puede decidir bajar las tasas de interés, lo que perjudicaría a Venezuela si ella estuviera disfrutando en ese preciso momento de un boom económico, ya que puede crear presiones inflacionarias por lado de la demanda; y viceversa, si Venezuela enfrenta una recesión y la Reserva Federal aumenta las tasas de interés para desacelerar la inflación en EE.UU, ello entonces pudiera acentuar la recesión en Venezuela.

Hay dos casos recientes. Cuando la situación económica de Argentina empeoraba entre 1999 y 2000, y enfrentaba un creciente déficit fiscal y significativos pagos de deuda externa, se hubiera beneficiado de una disminución de la tasa de interés, pero la Reserva Federal aumentaba las tasas en EE.UU para frenar un importante boom financiero. Cuando la Reserva Federal comenzó a bajar las tasas luego del fin del boom en el año 2001, ya era muy tarde para Argentina y revirtió la dolarización en el 2002, a través de un proceso caótico e impopular en el que los ahorros domésticos fueron devaluados forzosamente. En el caso de Europa en abril del 2011, mientras Grecia, Portugal e Irlanda negociaban rescates financieros porque no podían pagar su deuda externa, el Banco Central Europeo aumentó las tasas de interés, lo contrario a lo que necesitaban estos países. La justificación fue que el Banco debería concentrarse en la Zona Euro como un todo y no en países individuales, y en el resto de la zona la inflación estaba aumentando.

El petróleo: la gran distorsión

Hay dos argumentos a favor de la dolarización que son presentados con frecuencia por sus proponentes. Primero, que Venezuela recibe sus ingresos petroleros en dólares. Segundo, que acabaría con las devaluaciones. Estas son en cambio razones para no adoptar la dolarización, en la que se renuncia a la política monetaria, y también a la política cambiaria. Cerca de la mitad de los ingresos del Gobierno Central venezolano provienen del petróleo, y el resto proviene mayoritariamente de ingresos por impuestos nacionales. Tal dependencia de unos ingresos en moneda extranjera es una razón de peso para mantener una política cambiaria independiente. Existen numerosos precedentes históricos de disminuciones considerables de los precios del petróleo –en 1986, 1988, 1991, 1998, 2001 y 2009– y una de las herramientas para financiar esa pérdida de ingresos es una devaluación. Si, por ejemplo, los ingresos petroleros se redujeran un año en un 20%, el gobierno se encontraría con un importante déficit, que bajo una dolarización sólo podría cerrar pidiendo prestado, aumentado los impuestos, y disminuyendo considerablemente el gasto. La dolarización le quita la herramienta de la devaluación; una herramienta que en el caso de las experiencias griega y argentina han demostrado ser de gran importancia. Más aún, las devaluaciones sirven también para abaratar los productos nacionales para compradores extranjeros, lo que puede aumentar las exportaciones y la entrada de divisas al país, algo muchas veces necesario cuando se enfrenta una recesión.

La verdadera solución

La dolarización no es capaz de resolver el problema de la irresponsabilidad y derroche en el gasto público. Para establecer y mantener disciplina fiscal se necesita de voluntad política en el gobierno y fortaleza institucional, dos cosas de las que carecemos en Venezuela, y que no aparecerán mágicamente por dolarizar la economía. Experiencias exitosas de dolarización como Ecuador no deben atribuirse exclusivamente a la dolarización. Deberíamos preguntarnos si son más bien el resultado de una buena disciplina fiscal y la ejecución de políticas económicas responsables y de buena calidad. Los casos de Colombia, Chile y Perú –con buen crecimiento económico, baja inflación, y tipo de cambio libre y estable– son buenos ejemplos de lo que se puede lograr con una política fiscal responsable y una política monetaria independiente, sin necesidad de renunciar a la moneda nacional y las herramientas que esta contiene.

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