Los Enterradores

luis-salas-rodriguez-2-e1452128641429Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Caracas Chronicles.

Desde que Maduro llegó a la presidencia estamos escuchando que hay debates dentro del gobierno sobre las reformas económicas necesarias. Por un lado, hay un ala “pragmática” que pide algunas reformas de sentido común y el relajamiento de los controles, sin desmantelarlos. Hay también un ala “radical” que recomienda más controles, regulaciones y nacionalizaciones.

Dentro de este grupo de radicales hay tres nombres cada vez más prominentes: Tony Boza, Alfredo Serrano y Luis Salas, quien acaba de ser nombrado por Maduro como ministro sin portafolio y Vicepresidente del Área Económica.

Durante estos los últimos dos años Maduro ha preferido a los radicales, pero no de manera decisiva. La inacción ha sido su política económica favorita. Después de la derrota del 6D comenzamos a escuchar que los radicales estaban ganando la batalla, y el nuevo gabinete lo confirma. Los anuncios de Maduro, junto con la reforma de la Ley del Banco Central, nos indican que vienen días oscuros.

Estos radicales no son los mismos que conocemos bien, y de los que nos hemos burlado por años. No son lo típicos Giordanis, Arreazas o Jauas. El nuevo grupo de asesores económicos viene del grupo más radical dentro de los radicales del chavismo. Si sus propuestas son puestas en práctica, van a enterrar a Maduro y al chavismo bajo una montaña de papel moneda sin valor. Pero no antes de desatar una dolorosa y desastrosa tormenta en nuestra economía y sociedad.

Los Enterradores más prominentes son Tony Boza, Luis Salas, y el español vinculado a Podemos, Alfredo Serrano. Los dos primeros han formado parte del chavismo por años, sin gozar de mayor influencia. Han estado en cargos poco importantes en instituciones e universidades del gobierno, aparecen con frecuencia en medios oficialistas, y han escrito libros y panfletos sobre la “guerra económica”. Salas acaba de saltar al escenario principal, como el nuevo Vicepresidente del Área Económica y Ministro sin portafolio de Economía Productiva.

Serrano, director del instituto de estudios geopolíticos CELAG en España, fue traído a Venezuela hace poco y parece sacado del mismo molde que los otros dos. El Ministro de Planificación, Ricardo Menéndez, es miembro del Consejo Consultivo del CELAG, donde Salas es investigador. En el anuncio del nuevo gabinete se podían escuchar claramente las propuestas de Serrano en las palabras de Maduro. El énfasis en la cultura productiva, la revolución productiva, en industrias productivas; todo viene directamente de las propuestas de Serrano.

Las ideas de Los Enterradores son un confuso desastre, están llenas de errores, y tienen una buena dosis de teorías conspirativas. ¿Sabían que Dolar Today es un acto de guerra de Colombia, y que la guerra económica comenzó en el año 2000 con un decreto del Presidente de Colombia Andrés Pastrana? ¿No sabían? Deberían leer a este trio con más frecuencia.

Los Enterradores proponen controlar básicamente todo. Para ellos, el control de cambio ha sido un gran éxito y solo se deben ajustar unos detalles. Sus propuestas más locas incluyen nacionalizar el comercio exterior y los bancos, controlar todos los precios en la economía e involucrar a los ciudadanos en la imposición de los precios oficiales.

En un país que está sumido en una profunda crisis económica y al borde de la hiperinflación sus ideas sobre la inflación y el tipo de cambio –los dos temas económicos más importantes hoy en Venezuela– son verdaderamente peligrosas. Sus propuestas, incluso si se aplican solo a medias, pueden empujar a Venezuela hacía la hiperinflación.

Ellos creen que la alta inflación en Venezuela es causada por los márgenes de ganancia especulativos de las empresas privadas (Boza), el poder de los importadores privados (Serrano), y por el egoísmo (Salas). Lo más preocupante es que piensan que el masivo financiamiento del déficit del gobierno por parte del Banco Central no es el causante de la alta inflación. A juzgar por la reciente decisión de Maduro de expropiar el Banco Central, tienen toda la intención de acelerar la locura monetaria.

Una devaluación ayudaría a disminuir la dependencia del financiamiento del Banco Central, ya que incrementaría los ingresos del gobierno en bolívares. Desafortunadamente, Los Enterradores no creen en las devaluaciones. Luego del congreso económico del PSUV de diciembre, Salas escribió un largo artículo denunciando a los moderados dentro del chavismo que recomiendan devaluar. Estos son los mismos moderados que Maduro está ignorando.

Esta mezcla de negar la causa principal de la inflación y oponerse a una devaluación es lo que hace su ascenso al gobierno algo tan preocupante. Es posible que el gobierno lleve a cabo una pequeña devaluación, para aliviar la presión sobre PDVSA. Pero no esperen ninguna medida de política cambiaria que ayude a aliviar las presiones inflacionarias.

Un riesgo real de hiperinflación

Mientras el tipo de cambio se mantenga muy bajo el gobierno va a necesitar que la imprenta del Banco Central trabaje 24 horas por día para poder pagar el gasto público.

Es una espiral mortal: mientras más dinero imprima el gobierno, más subirán los precios, y entonces más dinero tendrá que imprimir el gobierno para pagar el gasto. Es por esto que los economistas comenzamos a advertir el riesgo de hiperinflación con mayor preocupación en enero del 2014, cuando Maduro anunció que mantendría la tasa de cambio 6,30 Bs/$ por todo el año. Desde entonces las cosas han empeorado: la inflación mensual en diciembre fue de 16.1%, lo que es equivalente a un ritmo de inflación anual de 500%.

La hiperinflación es una nota al margen en los libros de texto modernos de economía, es una curiosidad académica e histórica. Es una ocurrencia bastante rara, y es un fenómeno explicado en su totalidad. La principal causa es un crecimiento grande, rápido y sostenido de la cantidad de dinero. En otras palabras: impresión masiva de dinero. Esta conclusión es el equivalente a “Fumar es malo para la salud” en Medicina: los únicos que la rechazan son estafadores, charlatanes o idiotas.

En un excelente artículo en Distortioland sobre el riesgo de hiperinflación en Venezuela explican como esta es el equivalente económico de una bomba atómica. Destruye todo: salarios, ahorros, empleo, capital, inversión y confianza. En episodios hiperinflacionarios las principales preocupaciones dejan de ser el producto o el empleo. Es mejor preocuparse por la severa inestabilidad política y el hambre.

Durante el año pasado algunos economistas venezolanos han estado debatiendo si la hiperinflación puede ocurrir en una economía petrolera como la nuestra. La hiperinflación involucra un colapso de la demanda de dinero, en el que la gente gasta el dinero apenas lo recibe, porque se quiere deshacer de un activo que está perdiendo valor rápidamente.

Aquellos que piensan que la hiperinflación es casi imposible en nuestro país señalan que el gobierno, con su considerable ingreso en dólares de la renta petrolera, puede comprar grandes cantidades de los bolívares que la gente no desea. Puede devaluar la moneda, usar sus dólares para absorber mayores cantidades de bolívares, y así evitar la hiperinflación.

No estoy de acuerdo con este argumento, pero cabe señalar que utiliza modelos económicos generalmente aceptados. La proposición depende de un supuesto clave: que en algún momento el gobierno va a hacer una devaluación considerable. Pero como mencioné antes, Los Enterradores piensan que las devaluaciones, especialmente las más grandes, son inútiles e innecesarias. La barrera en contra de la hiperinflación –si es que existía una– desapareció.

La hiperinflación no es algo imposible en Venezuela, pero requiere tal grado de incompetencia e ignorancia que casi debe ser causada intencionalmente. Además de la impresión masiva de dinero, la hiperinflación requiere otro ingrediente: un equipo económico en el gobierno increíblemente terco e incompetente. El primer ingrediente ya estaba presente, y el segundo parece haber sido añadido con el ascenso de Boza, Salas y Serrano.

En cierta manera, todos sabemos lo que va a ocurrir. Sus políticas económicas van a fracasar completa y espectacularmente, y el trio de enterradores se lavará las manos. Dirán en entrevistas que la culpa es de otros, que sus recomendaciones fueron implementadas incorrectamente y que se ignoraron sus advertencias. Giordani-style.

La posibilidad de evitar la hiperinflación depende del resultado de la actual lucha política, tanto entre la MUD y el chavismo, como dentro del propio chavismo. Este trio podría ser desechado por Maduro apenas sus políticas empiecen a mostrar terribles resultados. Los Enterradores también podrían apresurar el fin del gobierno que se les encargó salvar.

Un tormento del socialismo: el individuo

En las últimas semanas he visto con no poco regocijo, y una pizca de indignación, los regaños de Nicolás Maduro contra personas que llama “individualistas”. El reclamo de Maduro vino en un acto del Día del Trabajador, montado en una tarima, en respuesta a los gritos de algunos. “Me gustaría verlos personalmente para decirles cuatro cosas, porque ustedes no pueden ser individualistas en esta batalla que es de toda la patria”, gritó Maduro. Una ministra también regañó a los individualistas en su cuenta de Twitter, tildándolos de cortoplacistas, inmaduros e incultos por querer una salida rápida a los problemas económicos del país (o al menos eso entendí). El gobierno, dijo la ministra, quiere resolver los problemas pero a la gente le hace falta madurez. Como si la culpa de la enfermedad es del enfermo.

Esos regaños son una admisión del gran fracaso de la gestión socialista, y del socialismo, y de ahí la sonrisa que me causa escucharlos. El llamar individualista a quien hace un reclamo o una petición es admitir que este gobierno es incapaz de procesar las necesidades y problemas de los ciudadanos, aun cuando esa tarea es una de las principales razones de la existencia de los gobiernos democráticos.

La respuesta de Maduro puede muy bien ser parte de un delirio de grandeza, de alguien que se cree inmerso en una épica gesta forjadora y creadora de un inmortal proyecto colectivista, socialista y revolucionario (inserten ustedes más adjetivos rimbombantes y ridículos), y quien se atreva a distraer la atención del líder con semejantes pequeñeces tales como necesidades particulares y personales lo insulta por siquiera sugerir que desvíe sus esfuerzos de su gran labor. La gran víctima, el pobre servidor. No olvidemos que este es un Presidente de la República a quien le ha parecido necesario recalcar en varias oportunidades, en tono de reproche, molesto, que él trabaja bastante. Como si quisiera que se lo agradecieran, o lo felicitaran y le pusieran una estrellita en su cuaderno de tareas.

Puede ser también –y esto es más probable– un intento de mancillar, desprestigiar y callar a quien reclame, siendo el objetivo principalmente los partidarios del chavismo. Para los opositores ya sobran adjetivos para desestimar sus reclamos, la mayoría mucho más peyorativos. El de individualista busca anular desde la semilla cualquier queja desde el chavismo: “el solo hecho de que reclames es muestra de que sólo piensas en ti; los revolucionarios pensamos en la patria, en la revolución, no somos egoístas”. Es el reclamo convertido en un acto de traición.

Esto no es nuevo. Es otra versión del “¿Ustedes quieren patria, o papel toilet”?, la infame y graciosa reprimenda de Elías Jaua, que espero YouTube guarde para siempre como un regalo para futuras generaciones. Quieren esconder su fracaso detrás de nubes de ideas vacías que hablan del colectivo –la patria, el pueblo, el país potencia, la comuna– para tapar la realidad de que la calidad de vida es cada vez peor para los individuos contenidos en esos conceptos abstractos. Qué alguien me diga dónde está el pueblo, la patria, porque yo solo veo grupos de individuos que habitan dentro de unas líneas imaginarias sobre la tierra al norte de América del Sur, para quienes la vida empeora cada día.

El individuo es para el socialismo una insoportable molestia, un niño malcriado e impertinente que no duda en decirles a gritos a sus padres que la comida que le sirvieron sabe horrible, y no titubea al preguntar a desconocidos en la calle por qué son tan gordos. El socialismo no soporta al individuo, que con su mal hábito de existir y manifestarse deshonra con su egoísmo los esfuerzos de desinteresados líderes para construir el concepto colectivista de turno.

Pero el individuo es terco, existe y se manifiesta. Porque es un individuo el que se preocupa porque no consigue pañales para bebes ni adultos, a quien le sube la tensión pensando que no hay la medicina que necesita para la tensión, y son individuos los que componen todas y cada una de las colas que hay que hacer para conseguir comida. El gobierno quiere etiquetar a quien se atreva a quejarse del desastre que ha sembrado de individualista inconsciente y egoísta.

Por más que hablen de pueblo y patria, son individuos los que viven y malviven todas las penurias causadas por este gobierno, y esos individuos se molestan y reclaman. Porque ningún sistema político, llámese socialismo, comunismo o capitalismo, podrá acabar con un sentimiento tan humano y natural como es preocuparse por la vida propia y de los allegados. Es un sentimiento, en su núcleo, de supervivencia y no de egoísmo. Esos seres cuasi-míticos que solo se preocupan por el bienestar del colectivo y jamás por el propio no existen, y si existen, serán entonces lo que en la iglesia católica llaman santos. Pero la gran mayoría, en todas partes del mundo, no somos santos, sino individuos con vidas propias y cercanas, y tememos por su bienestar. Y si eso es ser individualista, entonces serlo es lo más lógico, natural y, sobre todo, humano.

Un reto de lectura para el 2015: Un año Nobel

En los últimos años me he puesto como meta leer cierto número de libros cada año. Para este año, además de esa meta, se me ocurrió dedicar el año a leer libros de ganadores del Premio Nobel de Literatura que no había leído antes, de los cuales quiero leer veinte, y escribir una corta reseña de cada uno en este blog.

La lista de ganadores puede servir de hoja de ruta para descubrir autores que no había leído, y no solo me refiero a los ganadores, sino que un autor muchas veces nos lleva a descubrir a otros, ya sea porque tienen estilos similares, o uno fue influenciado por el otro. No creo que leer ganadores del Nobel garantice que leeré varios libros excelentes, porque aunque recibir el premio significa que la obra del autor es (en la mayoría de los casos) favorablemente reconocida por al menos una buena parte de la crítica, y de un número respetable de lectores, eso obviamente no significa que toda su obra sea de gran calidad, o para ser más específicos, que un libro de ese autor vaya a gustarme. La obra de los ganadores tampoco es una muestra representativa de lo mejor que puede ofrecer la literatura; hay bastantes autores excelentes que no están entre los ganadores.

Hay una lista de 111 laureados para escoger. Mis géneros favoritos son la novela y el cuento, pero en la lista hay bastantes poetas, y unos cuantos ensayistas y dramaturgos. Para escoger los autores que leeré descarté aquellos de los que ya he leído libros antes: Faulkner, Hemingway, Beckett, Solzhenitsyn, Neruda, García Márquez, Golding, Morrison, Coetzee y Vargas Llosa. Los primeros que escogí fueron selecciones automáticas, porque en mis estantes ya esperan algunos de sus libros:

1. Thomas Mann, La montaña mágica.

2. Imre Kertész, Sin destino.

3. Hermann Hesse, Siddhartha.

4. Patrick Modiano, En el café de la juventud perdida.

5. Günter Grass, El tambor de hojalata

Al revisar los ganadores vi varios autores que forman parte de esa lista figurativa que todos tenemos: autores bastante conocidos que queremos leer, pero como nuestro tiempo es finito, aún no los hemos leído. Algunos casos, como los libros de Steinbeck, Pasternak y Bellow, estaban en mi lista real de libros que quiero leer. De ahí salió el segundo grupo:

6. Jean-Paul Sartre, La nausea.

7. John Steinbeck, East of Eden (Al este del Edén).

8. Octavio Paz. Quiero leer algo de la poesía de Paz, quizás también un ensayo.

9. Boris Pasternak, Doctor Zhivago.

10. Albert Camus, La peste.

11. Miguel Ángel Asturias, El señor presidente.

12. Saul Bellow, Herzog.

13. José Saramago, Ensayo sobre la ceguera.

Los próximos grupos de autores escogidos son el resultado de plantearme este reto. En el tercer grupo hay autores de cuya existencia me enteré cuando ganaron el premio, y desde entonces he querido leerlos:

14. Alice Munro, colección de cuentos The Progress of Love (El progeso del amor)

15. Doris Lessing, The Golden Notebook (El cuaderno dorado)

16. Mo Yan, Sorgo rojo.

Luego de revisar cada uno de los autores que quedaban en la lista, escogí aquellos que tenían libros que llamaban mi atención. Algunos, como Walcott o Böll, no sabía que existían.

17. Derek Walcott, Omeros. Su poema épico homérico que se desarrolla en Santa Lucía suena interesante.

18. Czesław Miłosz, El pensamiento cautivo. Crónica/ensayo que busca explicar y desnudar la atracción del comunismo estalinista.

19. Patrick White, Riders in the Chariot.

20. Heinrich Böll, Billar a las nueve y media

Hay libros que quedaron fuera de los veinte de la meta, pero que voy a tener presente en caso de que llegue a la meta con suficiente tiempo (lo dudo), o que no quiera terminar alguno de los veinte porque no me gusta (algo probable).

21. J. M. G. Le Clézio, Desierto.

22. Rabindranath Tagore, El hogar y el mundo

23. Sinclair Lewis, Main Street (Calle mayor)

24. Camilo José Cela, La colmena.

Mi año 2014 en libros

Este año, como es costumbre, no alcancé mi meta de leer 52 libros, pero al menos mantuve el ritmo de otros años y leí 37. En las listas de abajo pueden ver cuáles de estos libros recomiendo, cuáles son mis favoritos (que no necesariamente son los que recomiendo, y viceversa), cuáles otros disfruté, y los que no tanto. Para los libros en inglés indico también el título en español, si está disponible. Pueden ver mi perfil en Goodreads para más listas y calificaciones de libros.

Libros recomendados: 

Heart of Darkness (El corazón de las tinieblas), Joseph Conrad (1899). Una novela impresionante, compleja, con gran densidad de emociones a pesar de ser corta, y con una excelente narración. Está basada en las experiencias de Conrad en el Congo durante la explotación colonial del rey belga Leopoldo II, y sorprende enterarse que lo narrado, terrible y salvaje, es bastante fiel a la realidad.
HHhH, Laurent Binet (2010). Dentro del libro hay una novela histórica en algún lado, pero la narración entrelaza con gran éxito las secciones noveladas con los comentarios del autor sobre cómo investigó los sucesos, cómo escribió la novela, así como sus dudas y emociones al hacerlo. HHhH cuenta la historia de la Operación Antropoide, en la que Jan Kubiš y Jozef Gabčík, miembros de la resistencia checa, asesinaron a Reinhard Heydrich, una de las peores figuras del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Pueden leer mi reseña completa del libro aquí.
The Ocean at the End of the Lane (El océano al final del camino), Neil Gaiman (2013). Un adulto regresa a la casa de su niñez y comienza a recordar hechos fantásticos que vivió ahí junto con unas peculiares vecinas. Un libro tierno y divertido que puede ser apreciado por adolescentes y adultos por igual.
The Spy Who Came In from the Cold (El espía que surgió del frío), John le Carré (1963). Una gran novela de espías pero que va más allá, introduciendo elementos morales y humanos que la distingue de otras obras del género.
The Martian (El marciano), Andy Weir (2014). Entretenido libro de ciencia ficción sobre un astronauta naufrago en Marte. Los hechos son realistas y plausibles, pero algunas reacciones y características de los personajes son poco imaginativas. Sospecho que fue inicialmente concebido como un guión de cine, y de ahí vienen esos clichés. Sin embargo la historia, la narración y los detalles sobreviven a esos clichés. La película dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Matt Damon sale en el 2015.
Putas asesinas, Roberto Bolaño (2001). Con cada libro que leo de Bolaño crece mi estima por su obra. En esta colección de cuentos destacan “El Retorno” y “Últimos atardeceres en la tierra”.
La tregua, Mario Benedetti (1959). El diario de un hombre viudo, quien poco antes de jubilarse se entrega a una emocionante relación amorosa que podemos adjetivar con el nombre de la novela. Un libro impecable.

Mis favoritos

Heart of Darkness (El corazón de las tinieblas), Joseph Conrad (1899).
HHhH, Laurent Binet (2010).
Putas asesinas, Roberto Bolaño (2001).

To End All Wars: A Story of Loyalty and Rebellion, 1914-1918 (Para acabar con todas las guerras), Adam Hochschild (2011). Cuenta la historia de los políticos, activistas, intelectuales y soldados que se opusieron a la Primera Guerra Mundial, especialmente en Inglaterra, enfrentando lazos de lealtad patriótica y familiar, así como difíciles dilemas morales. La narración es intensa y fascinante, y los personajes admirables. Un libro muy valioso.
La Guerra del Fin del Mundo, Mario Vargas Llosa (1981). En la novela 2666, de Roberto Bolaño, un personaje se lamenta que muchas personas escogen los libros menores de los grandes maestros en vez de leer “las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido”, que algunos lectores “no quieren saber nada de combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez”. Esta novela es un combate de verdad, de las que me dejan pensando, ¿cómo se escribe una novela así?
Lord of the Flies (El señor de las moscas), William Golding (1954). Un grupo de niños naufraga en una isla, sin adultos para cuidarlos o dirigirlos. Lo que aterra de esta novela es que lo narrado es enteramente posible y verosímil. Estos atributos saltan a la vista gracias a una prosa directa y sencilla, que deja que los hechos hablen por sí solos. Una novela a veces emocionante, y otras veces muy triste.
The Sound and the Fury (El ruido y la furia), William Faulkner (1929). Podría copiar el comentario que hice antes sobre La Guerra Del Fin Del Mundo. Es el segundo libro que leo de Faulkner, y como el primero (Absalom, Absalom!), creo que no basta con leerlo una vez.

Otros libros que disfruté

To the Lighthouse (Al faro), Virginia Woolf (1927). Me tomó un buen número de páginas empezar a disfrutar este libro, y lo terminé apreciando más por la escritura que por la historia. La novela está escrita en tercera persona, cambiando constantemente el foco de la narración, usando los pensamientos y diálogos internos de los personajes para transmitir la trama. Este mecanismo no me gustó al principio, pero mi impresión de la narración mejoró una vez que le tomé el ritmo.
The First World War, John Keegan (1998). Una historia de la Primera Guerra Mundial concisa y muy bien escrita. Una gran opción para quienes quieren iniciarse en el tema, como lo hice yo.
Darkness at Noon (El cero y el infinito), Arthur Koestler (1940). Un viejo bolchevique es apresado y enjuiciado por delitos ficticios en una de las purgas de un dictador sin nombre (un obvio Stalin). Una novela poderosa que ilustra muy bien el aparato represivo de las dictaduras comunistas (algo en lo que obviamente no tienen un monopolio), así como el carácter paranoico de muchos dictadores.
Money (Dinero), Martin Amis (1984). Un productor inglés de anuncios publicitarios persigue nuevos proyectos en Estados Unidos, en medio de una vida de excesos y desidia que siempre está a punto de derrumbarse. El protagonista y narrador es divertido y cándido sobre su desastrosa vida, y el final ofrece un giro inesperado.
The Man in the High Castle (El hombre en el castillo), Philip K. Dick (1962). La novela transcurre en una realidad alternativa en la que Alemania y Japón ganaron la Segunda Guerra Mundial, y se reparten los Estados Unidos y el resto del mundo. Tengo un hábito de darle una segunda oportunidad a autores, así leí este libro a pesar que otro de Dick me aburrió (Ubik), y valió la pena. La novela se enfoca en varios personajes, algunos interrelacionados, y el final abre más interrogantes de las que responde.
Anatomía de un instante, Javier Cercas (2009). La historia del Golpe de Estado de 1982 en España, contado de manera amena, y dejando claro a cada paso que como ocurre casi siempre al tratar temas históricos hay cosas que sabemos y muchas otras sobre las que solo podemos especular.
Prohibido entrar sin pantalones, Juan Bonilla (2013). Novela histórica que cuenta la vida del poeta ruso Vladímir Mayakovski, prominente antes, durante y después de la Revolución Rusa de principios del siglo XX. Bonilla ofrece una muy buena semblanza de Mayakovski, así como de las cambiantes mareas revolucionarias en la Rusia de Lenin y Stalin. La narración es amena, y los hechos históricos son entrelazados de manera sutil y sin causar atascos en el hilo narrativo.
Escribir ficción: Guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York, Gotham Writer’s Workshop (2003). Hace honor a su nombre: es bastante práctica, incluye ejercicios, y está llena de consejos, conceptos y estrategias útiles.
El inquilino, Javier Cercas (1989). Una novela corta sobre un profesor universitario estancado e insatisfecho, con el inagotable tema de los contrarios como subtexto.
Life and Times of Michael K (Vida y época de Michael K), J.M. Coetzee (1983). Un hombre hace un largo recorrido a través del campo y de pequeños pueblos durante una guerra civil ficcional en Sudáfrica, sufriendo de hambruna y el acecho de los soldados. Coetzee, como es su costumbre, hila numerosos subtextos e ideas complejas, con una prosa desnuda y directa.
La insoportable levedad del ser, Milan Kundera (1984). Esta absorbente novela ambientada en la Checoslovaquia comunista explora, entre otras cosas, las dificultades del compromiso, la vida en pareja, y lo fugaz y azaroso del amor.
Tenth of December (Diez de diciembre), George Saunders (2013). Esta colección de cuentos recibió varios premios el año pasado. Algunos de los relatos parecen desarrollarse en un universo común, una realidad alternativa o futura con matices distópicos. Los cuentos destacan por la humanidad que transmiten los personajes, incluso cuando son una sátira de la falta de humanidad e indiferencia al sufrimiento de otros, y no están faltos de humor.
Flash Boys: A Wall Street Revolt (Flash boys), Michael Lewis (2014). De nuevo Lewis presenta un libro impecablemente narrado e investigado, esta vez sobre las firmas de trading de alta frecuencia y cómo sus prácticas sirven para estafar a todos los demás inversionistas. Dudo que pueda tener una audiencia que así lo aprecie fuera de los que conocemos y nos interesa el mundo de las finanzas.
Rayuela, Julio Cortázar (1963). Poco que decir que no se haya dicho antes. Me gustó, aun cuando podría prescindir de algunos capítulos que Cortázar acertadamente llama capítulos prescindibles.
The English Patient (El paciente inglés), Michael Ondaatje (1992). El libro, a diferencia de la película, no es aburrido ni pesado. Una prosa accesible y elegante, con personajes interesantes y muy bien desarrollados. Al terminar la novela dan ganas de explorar un desierto.
Men Without Women (Hombres sin mujeres), Ernest Hemingway (1927). Buena colección de cuentos, con excelentes ejemplos del estilo “menos es más” de Hemingway, en particular el cuento Hills Like White Elephants (Colinas como elefantes blancos).
One Minute to Midnight: Kennedy, Khrushchev and Castro on the Brink of Nuclear War, Michael Dobbs (2008). Interesante libro sobre la crisis de los misiles en Cuba en 1962, que despeja algunos mitos y ofrece nuevos detalles.
Post Office (Cartero), Charles Bukowski (1971). Una novela autobiográfica de los años en que Bukowski trabajó como cartero antes de publicar este libro, su primero, a sus cincuenta años. Aprecié el sentido del humor, cínico y derrotado.
Crash (Crash), J.G. Ballard (1973). Una novela difícil de catalogar, y puede ser difícil de leer por el grotesco fetichismo sexual de los protagonistas con los accidentes de carros. Debajo de esa capa superficial hay una buena reflexión sobre la obsesión de muchos con la tecnología.
American Pastoral (Pastoral americana), Philip Roth (1997). Un escritor investiga y recrea la vida de un viejo conocido de la infancia que parece tener todo y no conocer la tristeza, pero que esconde experiencias traumáticas. De esos libros que se aprecian más al terminarlos que mientras los lees. El último tercio es bastante bueno, pero hay que leer los dos primeros tercios, a veces lentos, para llegar hasta ahí.
The Book of Dave: A Revelation of the Recent Past and the Distant Future, Will Self (2006). La novela alterna entre dos tiempos. Dave, un taxista londinense con problemas de ira y salud mental, sufre una crisis nerviosa al perder la custodia de su hijo con su ex esposa. En medio de esta crisis escribe un libro en el que despotrica contra mujeres, abogados, reglas de custodia de niños, y expone su sociedad ideal, mezclado con el reglamento y rutas de los taxistas de Londres. El libro es desenterrado miles de años después por una civilización poco desarrollada en una Tierra devastada, que convierte al libro en un objeto de culto y a Dave en el profeta de la religión dominante de la región. Una premisa novedosa, pero a veces es un reto leer la sección del futuro, escrita en una versión del inglés inventada por Self.

Otros que no tanto

En la orilla, Rafael Chirbes (2013). La novela cuenta los estragos de la crisis española reciente sobre un grupo de personajes en un pueblo costero, y en particular sobre un hombre mayor que lo perdió todo. Buen libro, aunque por momentos la narración se atasca. No le habría caído mal perder unas páginas, o cien.
The Secret Agent (El agente secreto), Joseph Conrad (1907). Las largas y escalonadas oraciones de Conrad, que tanto me gustaron en Heart of Darkness, aquí se sienten un poco más pesadas.
El entenado, Juan José Saer (1983). Un marino español es secuestrado por una tribu de caníbales en la América salvaje del siglo XVI, y vive con ellos por varios años. No podría señalar alguna falta en la narración, ni puedo decir que es un libro malo, pero no atrapó mi atención y me costó llegar al final.
Las partículas elementales, Michel Houellebecq (1998). Este sí me pareció malo. Lleno de momentos que parecen querer nada más que escandalizar y chocar. Al menos en mí no tuvieron ese efecto, solo aburrieron.

HHhH, de Laurent Binet

hhhh-9788432209321
“Lo único que espero es que detrás de la espesa capa reflectante de idealización que voy a aplicar a esta historia fabulosa, el espejo sin azogue de la realidad histórica se deje todavía atravesar.”

HHhH

Laurent Binet, 2010.

En 1942 los miembros de la resistencia checoslovaca Jozef Gabčík y Jan Kubiš mataron a una persona en Praga en una operación que era a toda vista, suicida. La importancia de este evento poco tiene que ver con la dificultad de la planeación y ejecución –que las hubo– sino en el objetivo. Gabčík y Kubiš mataron a un nazi que el propio Hitler consideraba que era muy despiadado.

Si el reino de terror nazi hubiera tenido su propio súper villano de acción, este hubiera sido Reinhard Heydrich. Hitler encaja mejor en la categoría de mente maestra maligna, Heydrich en cambio era un hombre de acción. El Obergruppenführer Heydrich dirigió simultáneamente todas las policías de la Alemania nazi –la política, la secreta, la criminal, y los servicios de inteligencia– y cuando necesitaban alguien que aplastara la resistencia checa lo enviaron a Praga, donde pronto ganó el apodo de “El Carnicero de Praga”. Dirigió la Conferencia de Wannsee, en la que se definieron los asuntos prácticos del exterminio de los judíos, algo en lo que Heydrich era experto, ya que fue fundador y jefe de los Einsatzgruppen, las milicias nazi que iban detrás de las tropas del ejército exterminando a tiros a todos los judíos, intelectuales y políticos en las zonas ocupadas. Algunos pensaban que sería el sucesor de Hitler, pero no porque este lo fuera a designar, sino porque podría derrocarlo. Su ascenso en la jerarquía nazi no se debía a relaciones personales o políticas, sino a su eficiencia. Fue la mano derecha de otro sádico, Heinrich Himmler, y de ahí viene “HHhH: Himmlers Hirn heisst Heydrich. El cerebro de Himmler se llama Heydrich. Era una especie de Super Nazi: despiadadamente eficiente. Gabčík y Kubiš mataron a Super Nazi.

Como reconoce el narrador del libro, es tentador querer escribir una novela de ficción histórica sobre este tema, pero le parece que Gabčík y Kubiš merecen más que eso, más que diálogos inventados y un relato novelado. Así que hace un trato con el lector, se confiesa y pide disculpas: intentará revelar la verdad en cada paso, pero hay situaciones y hechos que solo podremos imaginar o inventar. El resultado es un excepcional recorrido por los eventos y personajes que formaron parte de una manera u otra de esa escena en una calle de Praga el 27 de mayo de 1942 y las terribles secuelas.

Binet ha recibido varios premios literarios por HHhH, y el libro ha sido muy bien recibido por la crítica y el público, en especial por su difícil catalogación en términos de géneros. La narración es zigzagueante, entre la verdad y la imaginación confesa, diferenciadas con abierta candidez y rompiendo constantemente la barrera que con frecuencia establece la ficción entre el lector y el escritor. La historia es develada y construida con la complicidad del lector, así como su consentimiento a las varias tangentes que toma el narrador para no solo discutir películas y libros del tema (y de otros), sino también contar sucesos vinculados que sirven de valiosa educación sobre esos años.

Esta la historia del blanco, Heydrich, tanto su vida personal como su acelerado ascenso por la jerarquía criminal nazi. Para matarlo, el gobierno checoslovaco exiliado en Inglaterra escogió al soldado checo Kubiš y al obrero eslovaco Gabčík. Escaparon de su país luego de la invasión alemana y después de meses de entrenamiento en Inglaterra para la Operación Antropoide fueron lanzados en paracaídas sobre su país en diciembre de 1941. Pasarían otros cinco meses escondidos por simpatizantes de la resistencia, investigando los movimientos de Heydrich y planeando el golpe. Escogieron esperar en una curva cerrada el carro descapotado que llevaba al alemán todos los días a su oficina, donde el chofer debía reducir la velocidad para sortear el cruce.

En el momento decisivo la ametralladora de Gabčík se atascó, y mientras Heydrich y su chofer se preparaban para dispararle, Kubiš lanzó una bomba al carro, hiriendo a Heydrich con los pedazos de la bomba y del carro que volaron de la explosión, pero sin lograr incapacitarlo. En el intercambio de tiros entre Gabčík, Kubiš y Heydrich ninguno acertó siquiera uno. Los asesinos pudieron escapar, seguros que habían fracasado. Heydrich fue llevado a cirugía y los mejores médicos de Alemania fueron enviados en cuestión de horas a Praga. Una semana después parecía estar recuperándose satisfactoriamente cuando entró en coma y murió en unas horas.

Las identidades y escondite de Gabčík y Kubiš fueron reveladas a los nazis por un traidor de la resistencia a cambio de una jugosa recompensa. Los consiguieron escondidos en una iglesia junto con otros de la resistencia, y es en la narración de esta escena cuando el trabajo de Binet a lo largo del libro rinde más frutos. La herramienta que usa no es solo el suspenso, ya que el lector conoce el resultado desde las primeras páginas. En las seis horas siguientes, narradas por Binet con admiración y tristeza, 700 nazis de la SS luchan contra siete guerrilleros atrincherados.

La respuesta nazi al asesinato de su héroe no se redujo a esa iglesia. Más de mil personas fueron masacradas. La secuela más infame fue la total destrucción de la villa de Lídice y el asesinato de todos sus habitantes. Una pista –que luego resultó ser falsa– les hizo creer a los nazis que los asesinos venían de esa villa. El régimen nazi, que tan bien había ocultado sus atrocidades con su efectiva propaganda mundial, quedó desenmascarado cuando se regodeó en las noticias de la masacre de Lídice. En todo el mundo se levantaron voces pidiendo la derrota de los nazis, y los homenajes a Lídice fueron innumerables (incluyendo la urbanización de Lídice, nombrada en Caracas en 1943).

Binet insiste que no quería escribir una novela histórica, y tuvo éxito en su propósito. HHhH, sin ser un libro de historia, ni una novela histórica, tiene algo importante de ambos géneros. El uso de las herramientas dramáticas con un efecto magistral ayuda a Binet a lograr su objetivo, el de transmitir al lector una devastadora, humana, y en especial, verídica, historia de resistencia.

Mi calificación en Goodreads para este libro: 5 sobre 5

Un año en libros: Mis favoritos y recomendaciones del 2013

Este año 2013, al igual que en el 2012, no pude alcanzar mi meta de leer 52 libros en el año. Estoy cada vez más cerca: el año pasado leí 36, y este subí hasta 39. Con la ayuda de unos cálculos sencillos y unos supuestos muy poco sustentados puedo estimar que con ese ritmo de aumento para el año 2018 podré alcanzar los 52 libros.

Aun cuando no alcancé mi meta, estoy muy satisfecho con la calidad de los libros que leí, algo que imagino es más importante que estar satisfecho con la cantidad. Separé los libros que más me gustaron en dos partes: los recomendados y los favoritos. El hecho de que considere un libro como favorito no significa necesariamente que lo recomiendo para otros. Réquiem Para Un Sueño es una buena película pero, ¿quién en su sano juicio la recomendaría a otra persona? Por último, para los libros que leí en inglés coloco también el título de la edición en español.

Libros Recomendados

Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño (1998). Un libro con tres partes que empieza y termina con la divertida, tensa y absurda historia de las andanzas de los aspirantes poetas Arturo Belano (el mismo Bolaño) y Ulises Lima en el México de los años setenta, contada por un agradable y –al menos para el lector– carismático compañero. Estas partes acotan testimonios que completan el rompecabezas de las desordenadas vidas de Belano y Lima. Un libro que es difícil de soltar.
High Fidelity (Alta Fidelidad), de Nick Hornby (1995). El dueño de una tienda de discos sufre de una crisis de adultez, mientras intenta sobreponerse a su inmadurez y reconquistar a su novia. Un libro lleno de buen sentido del humor, pero sin ausencia de momentos reflexivos.
Cloud Atlas (El Atlas de las Nubes), de David Mitchell (2004). Seis historias entretejidas, que van desde mediados de los 1800 hasta un futuro cientos (¿o miles?) de años después. Combina una excepcional narración, con interesantes historias, tanto en cada historia por separado como en la vinculación del todo.
One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco), por Ken Kesey (1962). Narrada por un apartemente sordo y mudo indígena norteamericano que está recluido en un hospital psiquiátrico, con énfasis en Randle, un convicto de poca monta que buscó transferencia de una cárcel al hospital para cumplir ahí el resto de su condena, y en la lucha de este con su némesis, la enfermera Ratched.
Soldados de Salamina, por Javier Cercas (2001). Lo que empieza como una investigación sobre el frustrado fusilamiento y posterior huída del falangista Rafael Sánchez Mazas durante la Guerra Civil española se convierte pronto en una búsqueda del soldado que le perdonó la vida, con la expresa confesión del escritor de que quizás esté zigzagueando entre realidad y ficción.
El maestro y Margarita, por Mikhail Bulgakov (1966). El Diablo visita la Unión Soviética en la década de los 1930, dejando caos y confusión en su estela, y pervirtiendo el estricto y asfixiante orden comunista, mientras que Bulgakov también nos traslada al Jerusalén de Poncio Pilatos y la agonía de este durante su juicio a un tal Yoshúa Ga-Nozri. Un buen libro difícil de catalogar, en el que conviven distintos géneros y estilos: novela, fantasía, sátira, comedia, y crítica.
Harry Potter and the Sorcerer’s Stone, por J.K. Rowling (1997). Finalmente mojé mis pies en el lago de Harry Potter, y fue bastante entretenido. A estas alturas quien no haya leído este libro es porque no tiene ningún interés en hacerlo, pero puedo atestiguar que deberían probarlo.

Libros Favoritos

Cloud Atlas (El Atlas de las Nubes), de David Mitchell (2004)
One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco), por Ken Kesey (1962).
2666, de Roberto Bolaño (2004). Una novela monumental, no solo por su extensión sino también por envergadura y ambición del libro. Bolaño trabajó los últimos años de su vida en 2666, la cual consideraba su gran obra. La novela está dividida en cinco partes, una de las cuales es dedicada a los asesinatos de mujeres en una ciudad del desértico norte de México, que sirve de centro físico y temático para vincular las otras cuatros historias. Pasé varios días pensando en este libro después de terminarlo, y seguramente lo leeré de nuevo.
No Country for Old Men (No es país para viejos), por Cormac McCarthy (2005). Muchos ya habrán visto la película, lo que no evitarán que disfruten el libro. El tercer libro que leo de McCarthy, quien por su estilo directo y elegante es uno de mis autores favoritos. Al igual que The Road (La Carretera) y Blood Meridian (Meridiano de sangre), McCarthy aborda los momentos más desesperanzadores y violentos con una aparente simpleza que sirve para darles mayor impacto.
La virgen de los sicarios, por Fernando Vallejo (1994). Me gustó el estilo desenfadado e impenitente de Vallejo, y también disfruté otro libro por él este año, El Desbarrancadero, que también podría estar en esta lista. La historia en este libro se desarrolla en la Medellín azotada por la violencia de los años del reinado de Pablo Escobar, y la ciudad es tan entorno como protagonista de esta novela.
All Quiet on the Western Front (Sin novedad en el frente), por Erich Maria Remarque (1929). Un soldado alemán narra las penurias y desencanto entre soldados de la Primer Guerra Mundial. Pueden leer aquí mi reseña.
The Big Short: Inside the Doomsday Machine (La gran apuesta), por Michael Lewis (2009). Una mirada a la crisis financiera del 2008-2009 desde el punto de vista de las personas que la predijeron con sobrada antelación, muchos de los cuales ganaron fortunas yendo contra la corriente y apostando a la venidera crisis. Para los interesados en el tema económico y financiero es un libro que tiene muchas lecciones que ofrecer, escrito por un excepcional narrador.

Otros libros que disfruté
Suite Francesa, por Irène Némirovsky (escrita en 1942, publicada en 2004)
Pedro Páramo, por Juan Rulfo (1955)
El Desbarrancadero, por Fernando Vallejo (2002)
Popular Crime: Reflections on the Celebration of Violence, por Bill James (2011)
The Things They Carried (Las cosas que llevaban los hombres que lucharon), por Tim O’Brien (1990)
Beloved, por Toni Morrison (1987)
The Signal and the Noise: Why So Many Predictions Fail – But Some Don’t, por Nate Silver (2012)
Winesburg, Ohio, por Sherwood Anderson (1919). Pueden leer mi reseña de este libro aquí.
Islam: A Short History, por Karen Armstrong (2000)
Waiting for Godot (Esperando a Godot), por Samuel Beckett (1952)
El día del atentado. El frustrado magnicidio contra Rómulo Betancourt, por Edgardo Mondolfi (2013)
A Visit from the Goon Squad (El tiempo es un canalla), por Jennifer Egan (2010)
A Moveable Feast (Paris era una fiesta), por Ernest Hemingway (1964)
El principito, por Antoine de Saint-Exupéry (1940)
Alice in Wonderland, por Lewis Carroll (1865)
Outliers (Fueras de serie), por Malcolm Gladwell (2008)
Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game, por Michael Lewis (2003)
La Vida de Pi, por Yann Martel (2001)
Mañana en la batalla piensa en mí, por Javier Marías (1994)
On Writing: A Memoir of the Craft (Mientras escribo), por Stephen King (2000)

Libros que no disfruté mucho
Bartleby & Co., por Enrique Vila-Matas (2000)
Leaving the Atocha Station (Saliendo de la estación de Atocha), por Ben Lerner (2011)
The Picture of Dorian Gray (El retrato de Dorian Gray), por Oscar Wilde (1890)
Eating the Dinosaur, por Chuck Klosterman (2009)
Breakfast of Champions (El desayuno de los campeones), por Kurt Vonnegut (1973)
Ubik, por Philip K. Dick (1969)
Delirio, por Laura Restrepo (2000)

Puede ver mi perfil en Goodreads para más listas y calificaciones de libros.

Dolarización para Venezuela: La falsa panacea

dolarizacion180
La dolarización no resuelve los problemas de la economía venezolana, y crea otros

En la situación actual de la economía venezolana, con una altísima inflación y una inminente devaluación del tipo de cambio, se comienza a escuchar con mayor frecuencia una propuesta nada novedosa: la dolarización. La iniciativa parece ser el resultado del agotamiento de los proponentes por lidiar con devaluaciones y con el tema cambiario en general. Los argumentos expuestos están sustentados con frecuencia en una exageración de los potenciales beneficios, así como en el desconocimiento de su significado real, los requisitos básicos, el tipo de cambio inicial para la dolarización, sus consecuencias a corto plazo y en general, cómo se lleva a cabo la dolarización. Empecemos por lo último.

¿Cómo dolarizar?

Para dolarizar el Banco Central debe cambiar todos los bolívares en circulación por dólares. Es un caso particular de la adopción de la moneda de otro país como moneda de curso legal; en este caso, esta moneda es el dólar de los Estados Unidos. Como veremos más adelante, no es muy distinta a la adopción del euro por parte de un nuevo miembro de la Comunidad Europea, pero con una moneda diferente. También es similar al régimen de Convertibilidad argentina vigente entre 1991 y 2002, aunque este era menos rígido.

Para establecer la dolarización se requieren varias medidas de política económica, y de orden legal. En lo económico lo principal es la adopción de un tipo de cambio fijo, sin controles de cambio. En Venezuela ya tenemos un tipo fijo –hoy 6,3Bs por dólar en CADIVI–pero no hay libertad de cambio. Es aquí donde entra el aspecto jurídico: el gobierno debe comprometerse legalmente –ya sea por decreto, legislación o reforma constitucional– al cambio en dólares de todos los bolívares, emitidos por la autoridad monetaria, a un tipo de cambio fijo sin límites de cantidades, y al libre cambio de divisas. Esto no implica necesariamente la desaparición de la moneda anterior –en el caso de Argentina, pesos y dólares circulaban simultáneamente– aunque en los casos de Ecuador y Panamá, los billetes anteriores fueron canjeados y retirados permanentemente (con la excepción de las monedas metálicas).

¿A cuánto cambiar los bolívares por dólares?

Un proceso de dolarización en Venezuela hoy sería imposible sin devaluar de nuevo. La dolarización requiere que el Banco Central se comprometa a cambiar los bolívares al tipo de cambio fijo establecido, y el BCV sería responsable de canjear lo que se conoce como Base Monetaria: monedas, billetes, y las reservas que mantienen los bancos comerciales en el BCV. Estos son parte de los pasivos del BCV, y según el balance de noviembre de 2013 la base es de 397.921 millones de bolívares. Para hacer el canje usaría sus Reservas Internacionales que están en divisas extranjeras, y que a finales de noviembre eran de 21.299 millones de dólares (cerca de 70% de estas reservas están en oro, y el BCV deberá vender el oro por dólares antes de dolarizar).

La respuesta de cuál sería el tipo de cambio para cambiar bolívares por dólares la obtenemos de la relación entre los bolívares que hay que cambiar de la Base Monetaria, y los dólares disponibles en las Reservas Internacionales. A finales de noviembre, para dolarizar se debía devaluar al menos hasta 19 Bs/$, es decir, una devaluación del 202 por ciento respecto a la tasa de CADIVI. Devaluar hasta 19 Bs/$ puede parecer poco significativo, tomando en cuenta que el dólar paralelo se cotiza en tres o más veces ese monto. Sin embargo, esta devaluación puede triplicar el costo de productos básicos importados, como las medicinas.

Para dolarizar sin que implique una devaluación de al menos 202 por ciento el gobierno deberá primero acumular reservas internacionales, ya sea como parte de un plan concienzudo de incremento de reservas que puede tomar varios meses, sino años, o con mayor deuda externa (ambos mecanismos podrían ser acompañados de una reducción de la Base Monetaria). Para dolarizar sin devaluar, manteniendo el tipo de cambio de 6,3 Bs/$ y con la actual Base Monetaria, el BCV necesitaría 42.000 millones de dólares adicionales a los que tiene actualmente. En el caso de una tasa de 11,30 Bs/$ –la actual tasa del SICAD– hacen faltan 14.000 millones de dólares adicionales. Cabe mencionar que incluso si nos olvidamos de la dolarización, y pensamos solo en levantar el control de cambio existente sin una fuerte devaluación, también se necesitaría incrementar reservas.

¿Qué se gana con la dolarización?

Se acostumbra a decir que la dolarización significa el fin de las constantes devaluaciones respecto al dólar, y la pérdida de poder adquisitivo que causan. Sin embargo, como veremos más adelante, lo correcto es decir que la dolarización establece importantes barreras prácticas, políticas y financieras para nuevas devaluaciones de la moneda respecto al dólar. Es una diferencia importante, ya que aún cuando la reversión de la dolarización puede ser un proceso muy engorroso, no sería imposible. Otros beneficios de la dolarización es que la inflación en el país no debería ser muy superior a la de los EE.UU, se elimina la posibilidad de financiar políticas fiscales deficitarias con emisión de dinero sin respaldo, una disminución apreciable de tasas de interés, se disminuirían los costos de transacción en el comercio exterior, e invertir en el país sería más atractivo para las empresas extranjeras al eliminarse el riesgo cambiario.

¿La dolarización genera disciplina fiscal?

Cuando un gobierno gasta más dinero del que recibe incurre en un déficit fiscal, y puede cubrir la diferencia entre gastos e ingresos de varias maneras: con un aumento de sus deudas, incrementando impuestos, usando sus ahorros, o imprimiendo dinero sin respaldo. La última opción, que es la más inflacionaria, queda descartada con la dolarización, ya que el Banco Central de Venezuela no puede imprimir dólares americanos. Sin embargo, esta es solo una de las herramientas. ¿Cómo financió el gobierno de Grecia sus constantes y significativos déficits, si al igual que un país dolarizado no puede imprimir dinero (euros) libremente? Endeudándose, hasta que no podían pagar sus deudas. Igualmente, el gobierno argentino revirtió la dolarización cuando no pudo cumplir con sus compromisos de deuda externa, después de varios años de arrastrar un creciente déficit fiscal. La dolarización no hace nada para evitar que los gobiernos gasten más dinero del que pueden, año tras año, hasta que la fiesta fiscal acaba con una crisis total. Tampoco resuelve el problema del despilfarro, ya que no puede evitar que el gasto público se destine a programas ineficientes o de baja rentabilidad social.

¿Puede ser creíble el compromiso del Gobierno?

Para que el compromiso de la dolarización sea creíble no basta con que este se establezca en leyes o en la Constitución. Hay innumerables ejemplos en todo el mundo de quebrantamiento de compromisos y leyes en épocas de crisis. Una medida que ayudaría con la credibilidad es el retiro de circulación de los bolívares, a diferencia del caso Argentino en el que se mantuvieron en circulación los Pesos Convertibles. Si la moneda se mantiene en circulación es más fácil para el gobierno romper su compromiso, cambiando forzosamente los depósitos en dólares por moneda local, y devaluando simultáneamente. Esto fue lo que hizo el gobierno argentino en 2002.

En el caso de los países de la Zona Euro, las monedas nacionales fueron retiradas por completo, lo que hace que su compromiso con el euro goce de mayor credibilidad. Tomemos como ejemplo Grecia, que se hubiera beneficiado de una devaluación en el peor momento de su crisis reciente. El abandono del euro –y el regreso de la dracma– enfrentan un problema práctico de compleja solución, y es que sería muy difícil de llevar a cabo de forma ordenada, y planeada con suficiente antelación. El proceso de preparación deberá hacerse en total secreto, ya que si se conoce que el gobierno griego decidió salir del euro se desataría una crisis bancaria de inmediato cuando los ahorristas corran a retirar sus euros o transferirlos fuera de Grecia, porque se entiende que si el gobierno está planeando sustituir el euro es con el propósito de devaluar. Ante la imposibilidad de planear algo de tal envergadura en secreto, la medida deberá ser puesta en práctica apenas se tome la decisión, y tomar acciones como el cierre temporal de los bancos o imponer límites de retiros, mientras se imprimen nuevos billetes y se actualizan sistemas informáticos.

De manos atadas

La consecuencia principal de la adopción de la moneda de otro país es que se renuncia a las herramientas de política monetaria, como la fijación de las tasas de interés, y el control exclusivo de la liquidez monetaria, y también dificulta el rol del Banco Central como prestamista de último recurso en crisis bancarias. El BCV no puede imprimir dólares, y la fijación de las tasas de interés siempre estará a merced de las tasas fijadas por la Reserva Federal (el Banco Central de EE.UU). Luego de la dolarización, la política monetaria de Venezuela sería decidida por la Reserva Federal. Es una significativa renuncia de soberanía política y económica. En el caso del euro, si bien todos los países participantes tienen voz y voto en el Banco Central Europeo, las políticas de esta institución muestran una marcada orientación a favor de las economías de Alemania y Francia, que la de aquellos miembros relativamente más pequeños como Grecia o Portugal.

Considero que es un error pensar que Venezuela estaría mejor siguiendo la política monetaria de EE.UU que teniendo su propia política. No debemos preocuparnos solamente por la calidad o responsabilidad de la política monetaria, sino también por su pertinencia y adecuación a las realidades de cada economía. Una de las principales condiciones para que regiones o países puedan, con éxito, compartir una moneda es que coincidan en el tiempo sus respectivos ciclos económicos. Es decir, si sus períodos de crecimiento y de recesión coinciden. Si la economía de EE.UU se encuentra en una crisis la Reserva Federal puede decidir bajar las tasas de interés, lo que perjudicaría a Venezuela si ella estuviera disfrutando en ese preciso momento de un boom económico, ya que puede crear presiones inflacionarias por lado de la demanda; y viceversa, si Venezuela enfrenta una recesión y la Reserva Federal aumenta las tasas de interés para desacelerar la inflación en EE.UU, ello entonces pudiera acentuar la recesión en Venezuela.

Hay dos casos recientes. Cuando la situación económica de Argentina empeoraba entre 1999 y 2000, y enfrentaba un creciente déficit fiscal y significativos pagos de deuda externa, se hubiera beneficiado de una disminución de la tasa de interés, pero la Reserva Federal aumentaba las tasas en EE.UU para frenar un importante boom financiero. Cuando la Reserva Federal comenzó a bajar las tasas luego del fin del boom en el año 2001, ya era muy tarde para Argentina y revirtió la dolarización en el 2002, a través de un proceso caótico e impopular en el que los ahorros domésticos fueron devaluados forzosamente. En el caso de Europa en abril del 2011, mientras Grecia, Portugal e Irlanda negociaban rescates financieros porque no podían pagar su deuda externa, el Banco Central Europeo aumentó las tasas de interés, lo contrario a lo que necesitaban estos países. La justificación fue que el Banco debería concentrarse en la Zona Euro como un todo y no en países individuales, y en el resto de la zona la inflación estaba aumentando.

El petróleo: la gran distorsión

Hay dos argumentos a favor de la dolarización que son presentados con frecuencia por sus proponentes. Primero, que Venezuela recibe sus ingresos petroleros en dólares. Segundo, que acabaría con las devaluaciones. Estas son en cambio razones para no adoptar la dolarización, en la que se renuncia a la política monetaria, y también a la política cambiaria. Cerca de la mitad de los ingresos del Gobierno Central venezolano provienen del petróleo, y el resto proviene mayoritariamente de ingresos por impuestos nacionales. Tal dependencia de unos ingresos en moneda extranjera es una razón de peso para mantener una política cambiaria independiente. Existen numerosos precedentes históricos de disminuciones considerables de los precios del petróleo –en 1986, 1988, 1991, 1998, 2001 y 2009– y una de las herramientas para financiar esa pérdida de ingresos es una devaluación. Si, por ejemplo, los ingresos petroleros se redujeran un año en un 20%, el gobierno se encontraría con un importante déficit, que bajo una dolarización sólo podría cerrar pidiendo prestado, aumentado los impuestos, y disminuyendo considerablemente el gasto. La dolarización le quita la herramienta de la devaluación; una herramienta que en el caso de las experiencias griega y argentina han demostrado ser de gran importancia. Más aún, las devaluaciones sirven también para abaratar los productos nacionales para compradores extranjeros, lo que puede aumentar las exportaciones y la entrada de divisas al país, algo muchas veces necesario cuando se enfrenta una recesión.

La verdadera solución

La dolarización no es capaz de resolver el problema de la irresponsabilidad y derroche en el gasto público. Para establecer y mantener disciplina fiscal se necesita de voluntad política en el gobierno y fortaleza institucional, dos cosas de las que carecemos en Venezuela, y que no aparecerán mágicamente por dolarizar la economía. Experiencias exitosas de dolarización como Ecuador no deben atribuirse exclusivamente a la dolarización. Deberíamos preguntarnos si son más bien el resultado de una buena disciplina fiscal y la ejecución de políticas económicas responsables y de buena calidad. Los casos de Colombia, Chile y Perú –con buen crecimiento económico, baja inflación, y tipo de cambio libre y estable– son buenos ejemplos de lo que se puede lograr con una política fiscal responsable y una política monetaria independiente, sin necesidad de renunciar a la moneda nacional y las herramientas que esta contiene.

Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson

NACA157
“Sólo quedan en los árboles unas pocas manzanas llenas de rugosidades, que han sido desdeñadas por los cosechadores. Se parecen a los nudillos de las manos del doctor Reefy. Las mordisquea uno y se encuentra con que son deliciosas. Todo el sabor de la manzana se ha concentrado en una pequeña porción redonda de uno de sus lados. Corre uno entonces de árbol en árbol sobre el suelo helado, cogiendo las manzanas arrugadas y picadas, llenando con ellas los bolsillos. Son muy pocos los que saben cuán sabrosas son esas manzanas.”

Winesburg, Ohio

Sherwood Anderson, 1919
Leído en inglés, en 2013, bajo el mismo título. Disponible en español.

Winesburg, Ohio es una colección de historias cortas, que al estar todas relacionadas entre sí y seguir una cronología más o menos lineal, es fácil de leer como si juntas formaran una novela. Los relatos retratan a varios habitantes del pueblo que da título a la obra, teniendo como eje central –aunque no siempre presente ni relevante– a George Willard, el joven reportero del periódico del pueblo. Es considerado la obra cumbre de Anderson, y aparece en numerosas listas de los mejores libros escritos por autores de habla inglesa.

El Winesburg de principios del siglo XX es un pequeño pueblo pre-industrial alejado de la naciente modernidad de las ciudades norteamericanas, con calles recorridas por carretas haladas por caballos, casas iluminadas con velas y calentadas con leña. Sobre el pueblo guinda un vaho de predestinación. Parece que todos los jóvenes quieren irse, y no les falta razón: los de más edad parecen atrapados en vidas que no les gustan, y nos enteramos que cuando fueron jóvenes, muchos de ellos también querían dejar el pueblo, y varios lo intentaron. Los personajes son en su mayoría nobles, pero derrotados, solitarios e introvertidos –”grotescos”, los llama Anderson, como sustantivo, no adjetivo– y el retrato del autor es compasivo de las vidas que han llevado y de las pasiones que aún guardan. Cuando nos habla de manzanas, no está hablando de manzanas.

Los sueños frustrados –de grandeza, amor o éxito– es un tema que se repite con frecuencia, y las historias cortas generalmente tienen como tema principal un momento crítico del sueño moribundo de un personaje. Algunos se sienten atraídos y confiados con Willard –quien tiene sus propios problemas e inseguridades– sin que este parezca proponérselo, y quizás todo el propósito de las historias es informar y formar a Willard para que tome un decisión sobre dejar o no Winesburg. En lo que se refiere a este joven, el libro es un bildungsroman –una historia de fin de la adolescencia y comienzo de la adultez– con fracasos y éxitos amorosos, e inquietudes sobre el futuro.

Las mujeres de Winesburg llaman la atención por sus anhelos y conflictos internos, y son un buen ejemplo de la complejidad de los personajes que Anderson logra construir en este corto libro. Estoy seguro que el comportamiento de algunas de estas sería reprochado en esa época, pero Anderson no juzga. Son retratos sinceros y ausentes de clichés.

Las primeras historias cortas, aun cuando son muy buenas por si solas, no hacen mucho para presentarnos la cuasi novela que componen los relatos. Pero una vez que los huecos principales han sido llenados, toma un ritmo ameno y expertamente conducido. Anderson es económico con las palabras, con ese estilo de prosa cuya sencillez esconde la dificultad de decir mucho con poco. Si en realidad Anderson fue mentor de Hemingway, Winesburg, Ohio es entonces un buen lugar dónde buscar una de las raíces de su estilo austero y parco. Este libro me recordó la película 8 ½, de Federico Fellini, porque al terminar tenía la vaga sensación de haber visto una obra maestra, pero era incapaz de explicar en dónde y en qué está la maestría, ni dónde está la mano del maestro.

Mi calificación en Goodreads para este libro: 4 sobre 5

Extracto de Winesburg, Ohio, por Editorial Acantilado, 2009, aquí.

Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque

sin-novedad-en-el-frente-9788435033473
“El primer bombardeo nos reveló nuestro error, y al darnos cuenta de ello, se derrumbó, con él, el concepto del mundo que nos habían enseñado.”

Sin novedad en el frente

Erich Maria Remarque, 1929.
Leído en inglés, en 2013: All Quiet on the Western Front. Disponible en español.

Mis lecturas de Los pájaros amarillos (Kevin Powers) y Sin novedad en el frente están ligadas. Al terminar el primero, leí una reseña que lo comparaba favorablemente con este, al que siempre se refieren como un clásico (la película del mismo nombre es considerada también un clásico, y ganó el Oscar a mejor película en 1930). Ambos son libros sobre la guerra: el primero es una excelente novela que trata de un soldado norteamericano durante y después de la guerra de Iraq, y el segundo de un soldado alemán en la Primera Guerra Mundial. Ambos autores se alistaron en los ejércitos de sus países cuando aún eran adolescentes, y lucharon en las mismas guerras que sus personajes. Remarque fue reclutado por el ejército en su natal Alemania cuando tenía 18 años, durante la Primera Guerra Mundial. A las pocas semanas de combate fue herido de gravedad, y pasó el resto de la guerra en un hospital militar.

En Sin novedad en el frente, el soldado alemán Paul Bäumer narra su experiencia y la de sus compañeros en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial. La mayoría de estos son amigos del colegio de Bäumer, y se alistaron juntos con apenas 18 años, bajo el empuje de un profesor que les lavó el cerebro romantizando la guerra y el deber patriótico. La novela comienza cuando tienen más de un año en el frente y el entusiasmo inicial de los muchachos ha sido destrozado por los primeros enfrentamientos, acabando con sus espíritus patrióticos y de sacrificio. Bäumer debe ver la merma de su batallón con cada nueva visita al frente, y luego ver como los nuevos soldados que llegan como reemplazo, jóvenes y sin experiencia, se suman rápidamente a lista de los que ya no están. Y todo esto para nada: la línea del frente no se mueve.

Para apreciar esta novela es bueno saber el contexto y tiempo en el que fue escrita. La Primera Guerra Mundial fue el primer conflicto en el que se utilizó a gran escala armamento capaz de matar decenas de miles de soldados por día sin necesidad de combates cuerpo a cuerpo, o siquiera ver al enemigo. Jamás se había usado a tal escala gas venenoso, tanques, artillería pesada de largo alcance, y bombardeos aéreos. En la Batalla de Somme, en la que participó nuestro protagonista, murieron más de trescientos mil soldados y otros setecientos mil resultaron heridos, en apenas cuatro meses. A diferencia de las guerras de siglos pasados, en las de los siglos XX y XXI el combate es prácticamente constante. Atrás quedaron los días de batallas que duraban un día, intercalados con días de recuperación y planeación. En el frente de esta guerra, el combate es un asunto de casi 24 horas diarias, con los soldados tomando turnos en el infierno de las trincheras.

Remarque resalta la cualidad impersonal e impredecible de este nuevo tipo de guerra, en los que un momento de aparente tranquilidad o descanso puede ser roto súbitamente por un proyectil de artillería, dejando un rastro de muerte y heridos horriblemente mutilados. Al narrar los horrores físicos de la guerra, el escritor se mueve con gran habilidad entre descripciones sumamente gráficas, y otras más sutiles pero no menos elocuentes, como si alternara entre un martillo y un pequeño cincel.

El mensaje anti-guerra de la novela es incuestionable, y se presenta en diferentes facetas de los personajes y de sus sentimientos. Remarque ataca particularmente las visiones románticas de la guerra. Lo hace directamente con el odio que los Baümer y sus compañeros siente hacía personajes tanto militares como civiles que simpatizan con estas ideas, e indirectamente con la ridiculización y rechazo del protocolo militar, y con las descripciones de las horripilantes heridas, situaciones y privaciones que sufren los soldados. La guerra que quiere mostrarnos es la que deshumaniza al soldado regular, que le priva no solo potencialmente de su vida o salud, sino de su libertad y su inocencia. Bäumer y sus compañeros saben muy bien porque están ahí: por culpa de políticos y generales que querían una guerra, no porque los soldados del otro bando sean malvados. Los soldados enemigos son tan inocentes o culpables como ellos mismos.

En medio del infierno que vive, Bäumer y sus compañeros exhiben un altísimo grado de dependencia y camaradería. La amistad parece ser lo único bueno que tienen en sus vidas: el cuidarse unos a otros, el sentido que le da a sus vidas en medio de tal desolación física y mental, y el compartir una deshumanización que consideran casi irremediable. Es por eso que Bäumer en varias ocasiones nos deja de hablar de él, para hablar de “nosotros”. El desprecio hacia los rangos superiores contrasta con el cariño y respeto hacia sus colegas soldados, y nos asegura que si están perdiendo es por falta de recursos, porque ellos son los mejores soldados. Este respeto no se limita a sus compañeros, sino que se extiende hasta los soldados enemigos, como vemos en su remordimiento luego de matar a un soldado francés en combate cercano, o con su creciente empatía hacía los prisioneros de guerra rusos.

El autor también nos muestra los problemas del soldado común para participar en su antigua vida cuando Bäumer visita a su familia durante unas cortas vacaciones y es incapaz de conectarse a su vida anterior y con sus seres queridos; cambiado y dañado por la guerra, es parte ahora de una generación perdida.

La narración alterna entre el presente y el pasado reciente de Bäumer y sus amigos, y avanza desde mediados de la guerra hasta sus últimos días. La prosa de Remarque es ligera y elegante, con el énfasis en el realismo y no en el adorno excesivo. Las descripciones de la guerra no son para todos, pero es un libro que recomendaría para quienes disfrutarían de una historia conmovedora y realista, escrita por un autor de gran habilidad.

Mi calificación en Goodreads para este libro: 5 sobre 5